Enseña Adorno, en su Estética, que el material "no garantiza de suyo ningún sentido en absoluto". Sin embargo, aunque relativa, su importancia en la expresión resulta siempre decisiva. Un acercamiento singular al problema de la materialidad es el que propone Olga de Amaral en la magnífica exposición que se presenta en el MALBA en estos días. Se trata entre otras cosas de una exploración de los límites expresivos de la materia. Obras que difuminan los márgenes entre las distintas disciplinas de las artes visuales. Para nosotros, acostumbrados a materiales de dureza consistente, la blanda suavidad de sus piezas tejidas es de una belleza inquietante.
Dos torres de altura media conectadas por su basamento social, en el cual se desarrollan las actividades comerciales, recreativas y de descanso. Los edificios, ejecutados con materiales cálidos, se elevan sobre el paisaje y se emplazan de manera de aprovechar las vistas hacia el entorno.
50 casas que proponen un equilibrio entre el edificio y la vivienda particular, buscando las ventajas de ambas tipologías. La comodidad de un conjunto con servicios y el sentido de pertenencia de una casa propia. Un proyecto que apunta a establecer un modo de vida distinto y a convertirse en marca.
Construidas con una estructura metálica montada sobre un basamento comercial en hormigón armado, se levantan las cuatro torres, que conforman un conjunto que tiene gran visibilidad en el paisaje. Una imagen tecnológica donde el hierro es protagonista y que dinamiza una urbanización con gran futuro.