En la profesión muchas veces nos toca convivir con la derrota. Concursos que se pierden, trabajos que se esfuman en el aire, clientes que desaparecen sin dejar huella. Ante esas situaciones queda siempre la tranquilidad de saber que se hizo lo posible por conseguir el objetivo. Las derrotas bien asumidas son seguro aprendizaje, y eso, creo, lo experimentamos en estos días vibrantes en que los argentinos nos alegramos hasta el paroxismo y terminamos llorando de pie las mismas lágrimas de nuestro capitán.
Dos torres de altura media conectadas por su basamento social, en el cual se desarrollan las actividades comerciales, recreativas y de descanso. Los edificios, ejecutados con materiales cálidos, se elevan sobre el paisaje y se emplazan de manera de aprovechar las vistas hacia el entorno.
Construidas con una estructura metálica montada sobre un basamento comercial en hormigón armado, se levantan las cuatro torres, que conforman un conjunto que tiene gran visibilidad en el paisaje. Una imagen tecnológica donde el hierro es protagonista y que dinamiza una urbanización con gran futuro.
En el bosque y frente al campo de golf, se destaca el emplazamiento oblicuo de esta casa, subrayado por las líneas horizontales. Una materialidad natural y cálida, con especial atención en su inserción en el paisaje. Construida en steel frame, y atenta a la sustentabilidad, la casa se eleva liviana sobre el terreno.