Nos enteramos de que un buen amigo de esta casa, Martín Bodas, en una charla informal había definido nuestro estudio como “plantista”. Un neologismo certero, que describe acabadamente nuestra manera de proyectar, y que, por supuesto, tomamos como un elogio. En tiempos de volumetrías desbordadas, y muchas veces frívolas, nosotros reafirmamos nuestra fe bidimensional. Creemos firmemente que las virtudes de una planta, finalmente, se transmiten al resto del proyecto, en lo formal, en lo constructivo y también en lo económico. Sí, somos orgullosamente “plantistas”.
Conjunto de siete villas residenciales, las cuales tienen la vista al lago garantizadas, y se van disponiendo en el terreno con diferentes giros, de manera de no entregar una imagen monótona y repetitiva. Todo el terreno es recorrido por una calle sinuosa que además de las obvias razones topológicas, intenta con su serpenteo ir dando un cambiante aspecto del conjunto, de sus construcciones y también de las visuales del paisaje.
Construidas con una estructura metálica montada sobre un basamento comercial en hormigón armado, se levantan las cuatro torres, que conforman un conjunto que tiene gran visibilidad en el paisaje. Una imagen tecnológica donde el hierro es protagonista y que dinamiza una urbanización con gran futuro.
En el bosque y frente al campo de golf, se destaca el emplazamiento oblicuo de esta casa, subrayado por las líneas horizontales. Una materialidad natural y cálida, con especial atención en su inserción en el paisaje. Construida en steel frame, y atenta a la sustentabilidad, la casa se eleva liviana sobre el terreno.